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Gabriel Hernández García

Pasteje es el nombre de una de las zonas de Jocotitlan. Anteriormente fue una hacienda dedicada a la producción agrícola que luego cambio a la cría de toros de lidia. Desde la época  de la hacienda ha tenido, privilegios y problemas, con localidades cercanas y los ejidatarios con problemas de agua; los hacendados con poder tuvieron grandes ventajas como hacer uso de una abundante cantidad de agua proveniente de pozos y manantiales.

Actualmente Pasteje es conocido en la región por ser una instalación de 80 hectáreas de invernaderos, que da trabajo a más de mil 200 trabajadores que producen jitomate “mediante el sistema hidropónico y libre de pesticidas utilizando tecnología de punta”. No obstante, una vez producido, ese fruto no se consume en la región, sino que es exportado a Estados Unidos y Canadá o se vende en tiendas exclusivas como Cotsco.

La empresa pertenece al Grupo IUSA, S.A. de C. V. propiedad  de Alejo Peralta y Díaz Ceballos que inicialmente estuvo orientada a la producción de conductores eléctricos y actualmente a la producción de electrónica de consumo y,  en años recientes, a la producción de calentadores solares y paneles fotovoltaicos; pero, también, como ya se dijo, ha incursionado en la agricultura controlada. Para la distribución de sus mercancías la empresa cuenta con 19 oficinas de atención al público distribuidas en todo el país.

Es pues, uno de los consorcios más fuertes de los que existen en el país y nadie puede ni debe ignorarlo.

Lo anterior viene a cuento porque, cada año, una vez iniciada la temporada de lluvias, en los Valles Altos de Toluca  se levanta un movimiento político  que llega, o ha llegado, al bloqueo de la autopista Toluca-Atlacomulco y a las instalaciones de dicha empresa.

Se le acusa  de bombardear con cañones especiales o avionetas, las nubes para impedir la lluvia en la zona donde están ubicados los invernaderos. Según la voz popular, la empresa realiza tal acción para evitar la caída de granizo sobre los invernaderos pues rompería el hule de estos o bien, se dice que, al ocurrir, la lluvia baja inmediatamente la temperatura del medio ambiente y entonces la empresa, por fuerza, tiene que poner en funcionamiento el sistema de calefacción de los invernaderos, aumentado así los costos de producción del jitomate, lo que va en detrimento de los intereses de la empresa.

¿Tienen razón los inconformes? ¿Es posible impedir la lluvia bajo esos métodos? Sinceramente no lo sé, pero lo que sí ocurre es que cada año –y esto viene ocurriendo desde hace más de 20 años–, se inconforman muchos campesinos de la región, a los que se suma una gran variedad de personajes políticos dizque para ayudar al movimiento. Quiero suponer y me consta, que muchos de los que participan en el movimiento lo hacen convencidos de que tienen la razón en parar,  impedir y erradicar esa supuesta práctica de bombardeo de nubes para impedir la lluvia.

Quienes así lo hacen saben que se arriesgan a las denuncias legales por obstrucción a las vías de comunicación, al desalojo violento del bloqueo, a las agresiones físicas personales que pueden sufrir etc. Pero consideran que, en caso de ser cierto, sólo la empresa se beneficia de dicha práctica  y en cambio afecta a cientos o miles de familias de la zona. ¿Tienen razón en su afirmación? Hasta ahora no hay elementos suficientes y contundentes para hacerlo, que al fin de cuentas ni me lo pide ni lo necesita, sino sólo por simple objetividad.

Lo que verdaderamente considero inaceptable es que cada año se levante la demanda para evitar el supuesto bombardeo de nubes y nunca les hagan caso ni se logre nada. El problema es que cuando se convoca a las protesta acuden, como ya se dije, todo tipo de personajes. Seguramente hasta infiltrados de la propia empresa, militantes de todos los partidos, lideres naturales, funcionarios públicos que teniendo un mejor conocimiento del problema y una mejor oratoria se colocan al frente del problema y con ello dan al traste con una solución medianamente aceptable pues casi todos son verdaderos expertos en maniobras políticas.

El movimiento, al no tener una dirección clara, inteligente, honesta, congruente y probada en la lucha,  ni llega al fondo del problema ni resuelve nada.

En ese sentido la protesta por muy radical que aparenta ser, termina desinflándose sin que la masa, que actúa de buena fe, se entere de la verdad sobre quien tiene la razón, ni de una solución medianamente correcta. Sólo puede ver como los dirigentes, los que estaban a la cabeza, de repente dejan de participar, sin saber si fueron cohechados o amenazados por la empresa y las autoridades. Para suponer lo anterior no hay que olvidar el enorme peso económico y político de IUSA y por lo tanto la protección y apoyo que tiene de los diferentes niveles de gobierno.

La próxima movilización está planeada finales de este mes. Deseo de todo corazón que no vuelva a ocurrir lo mismo, pero, mientras a la cabeza de la misma no exista una dirección firme y seria, como la señalada más arriba, volverá a ocurrir lo mismo que sucede cada

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