Desempleo y pobreza, lejos del voluntarismo del gobierno

Compartir

Francisco V. FiguerLos resultados de la Encuesta Nacional de Empleo (ENOE), que ofrece datos mensuales de la Población Económicamente Activa (PEA), la ocupación, informalidad laboral, subocupación y desocupación. publicados recientemente por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e informática (INEGI), dan cuenta, desde la óptica oficial, de la situación del país con relación a la situación que tiene la oferta de fuerza de trabajo, frente a las oportunidades laborales formales y también, frente a las acciones que deben implementar quienes no encuentran oportunidades de acceder a un trabajo seguro.

La realidad ha obligado al gobierno mexicano a reconocer que la situación en materia de empleo, para los mexicanos no es la más favorable; después vendrá la argumentación oficial que buscará justificar, como sucede siempre, los resultados adversos que los informes arrojan.

A nivel nacional, existe un crecimiento de la PEA; 61.9 millones de personas de 15 años y más. En junio de 2025, era de 61.8 millones, por lo que hay un incremento en cien mil personas más. Los datos del INEGI señalan que únicamente 60.1 millones de esa población tuvieron alguna ocupación, el 97.1 por ciento del total, lo que no indica, de ninguna manera que, sean personas que necesariamente hasta ese momento, hayan contado con un empleo formal.

La población desocupada, con respecto a la PEA reportada, fue de un millón ochocientas mil personas, el 2,9 por ciento; en junio del año pasado fue de 2,7 por ciento, es decir, hay un crecimiento del desempleo de 0.2 puntos porcentuales, con respecto al período anterior.

“En junio de 2026, la tasa de participación económica (porcentaje de la población con trabajo, o que no tuvo, pero estaba en la búsqueda activa de uno) se ubicó en 58.8 por ciento. Para junio de 2025, fue de 59.8 por ciento. La tasa de subocupación (porcentaje de población ocupada que buscó ofertar una mayor cantidad de tiempo de trabajo en su ocupación actual o en un empleo adicional) se estableció en 6.6 por ciento. En el sexto mes de 2025, fue de 7.4 por ciento. La tasa de condiciones críticas de ocupación —a partir de salarios mínimos equivalentes, base enero de 2026— fue de 38.5 por ciento. En junio de 2025, fue de 36.7 por ciento. Por su parte, la tasa de informalidad laboral se ubicó en 55.0 por ciento. En igual mes de 2025, fue de 54.8 %”, (INEGI 24 de julio de 2026).

En función de esta información ofrecida por el organismo gubernamental, se puede observar que, la informalidad laboral (incluye a quienes trabajan en micronegocios no registrados o en el sector informal, así como a personas trabajadoras por cuenta propia en actividades de subsistencia y a quienes laboran sin seguridad social, aunque presten servicios para unidades económicas registradas) se incrementó en 33.1 millones de personas, equivalente al 55% de la población ocupada, por encima del 54.8% registrado en junio del año anterior.

El sector informal (conjunto de negocios, actividades económicas y trabajadores que operan fuera de las leyes, los registros fiscales y las reglas del Estado), concentró 17.9 millones de personas, equivalente al 29.8% de la población ocupada en el país; un aumento anual de 0.9 puntos porcentuales.

Respecto al Estado de México, la situación se presenta en términos similares: de una PEA de 8.4 millones de personas registradas en los primeros tres meses del año, 260 mil personas perdieron sus empleos formales, un incremento de 3.1 por ciento respecto al mismo período del año anterior y el empleo informal aumentó sus cifras alcanzando una tasa de 53.7 por ciento, mientras que en el año 2025 la tasa de informalidad fue de 52.2 por ciento.

La tasa de ocupación bajo condiciones críticas, indicador que mide a los trabajadores con bajos ingresos, y a las jornadas laborales exhaustivas, alcanzó el 44.3 por ciento en el primer trimestre del año, frente al 42.5 por ciento reportado en el mismo período del año pasado.

Como se puede observar, las cifras que proporcionan los organismos gubernamentales dan cuenta de una problemática social que se refleja en el aumento del desempleo, la precariedad laboral y el crecimiento de la informalidad y que las administraciones federal y estatal, las dos bajo la conducción de los miembros de la llamada cuarta transformación, no han podido, por lo menos mantener bajo control.

Los problemas sociales, al igual que los fenómenos que suceden en la naturaleza y a nivel del pensamiento, no están desligados; siempre existe una concatenación, que, al igual que su objetividad, son independientes de los deseos de las personas, en este caso, de los funcionarios del gobierno y de los adeptos del proyecto de la Cuarta Transformación.

De tal manera que el incremento del desempleo está relacionado con otros fenómenos, algunos de los cuales se pueden observar directamente, como, por ejemplo, la informalidad laboral, delincuencia, corrupción, inseguridad y, con otros quizá un poco más difíciles de identificar como la falta de inversión en la educación, en investigación científica y tecnológica, entre otros más.

Así que, debemos tomar con todas las reservas posibles, la información propagandística de los gobiernos acerca de la disminución, por ejemplo, en la criminalidad, corrupción, la violencia e inseguridad que se viven en el país. Todos estos estos problemas sociales tienen su raíz en la pobreza y mientras no se ataquen las condiciones que la generan, será imposible disminuir todos los otros males que de ella brotan. Si la población no tiene un empleo seguro, hay problemas en los hogares, el empobrecimiento se agudiza, las personas buscan alternativas que encuentran, en el mejor de los casos, en la informalidad y, en el peor, en otro tipo de actividades.

La lucha contra el desempleo, la precariedad e informalidad laborales, la criminalidad, la inseguridad social, en favor de una vida digna para todos los trabajadores y sus familias, implica una lucha contra el capitalismo, ya que las condiciones para que éste se desarrolle, requieren de la existencia de una clase empobrecida, desesperada por la venta de su fuerza de trabajo, desposeída de todo impedimento para aceptar los salarios más bajos y, por tanto, de su explotación.

Los adeptos al proyecto político de la burguesía liberal en nuestro país, autodenominado Cuarta Transformación, también se llaman a sí mismos progresistas; sin embargo, los compromisos políticos y económicos que los atan a los grandes empresarios, sus verdaderos deseos y aspiraciones, y su voluntarismo, característico del pensamiento pequeño burgués, los alejan de la realidad que interpretan a su manera, pero que nada tiene que ver con lo que vivimos millones de mexicanos pobres

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *