La muerte un negocio que cobra vidas en Pandemia
Los familiares de pacientes con COVID viven un calvario durante el tiempo que el paciente se encuentra convaleciente y quienes se benefician con el dolor ajeno, son sin duda las funerarias.
Mismas que se encuentra al acecho a fuera de los hospitales, esperando a la próxima víctima y poder ofrecer los “servicios” de cremación que son los únicos permitidos por esta pandemia.
El precio que han tenido que pagar cientos de familias por reunirse a finales del 2020 y celebrar las fiestas decembrina, ha sido muy cara y dolorosa, pues durante el mes de enero y lo que va de febrero, la gente sigue muriendo; gente que hizo caso omiso a las recomendaciones de la secretaría de Salud federal y estatal.
Fue el caso de un médico veterinario, -de quien los familiares decidieron omitir el nombre- mismo que al reunirse con los suyos en diciembre para festejar el fin de año, días después empezó a presentar síntomas relacionados con el COVID, como dificultad para respirar, por lo que buscó asistencia médica en el ISSSTE, la cual, le fue brindada pero sin permitir la intubación.
Los familiares buscan desesperadamente por todo los medios poder atender al paciente con COVID, los esfuerzos y gastos son muchos que no alcanzan para otorgarle la atención médica requerida y como última opción se traslada a un hospital, donde al complicarse, finalmente fallece.
Los funerarios, quienes al percatarse de una defunción más se acercan a los familiares ofreciendo sus servicios que van de los 11 a los 20 mil pesos, según el servicio que soliciten, pero en época de pandemia sólo van por el cadáver y horas después entregar las cenizas del fenecido.
El médico veterinario dejó esposa e hijos, quienes también resultaron contagiados y actualmente se encuentran saliendo de la etapa crítica de la enfermedad, pero al buscar de consulta en el ISSSTE y para que los atendieran tenían que esperar más de cinco horas, por lo que decidieron consulta particular, por la cual pagaron dos mil 500 pesos.
Pero el calvario de la familia no terminó ahí, ya que la receta que les otorgaron a través de una consulta virtual tenían que surtirla directamente en laboratorios ubicados en la Ciudad de México, “en esos momentos se mueve cielo, mar y tierra para poder salvaguardar la vida de un paciente con COVID”, comentó la hija de la víctima del COVID.

