Miles de personas intentan huir por conflicto Rusia-Ucrania

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Esta guerra no tiene ningún sentido”, declaró Guterres.
Miles de personas intentan huir del país mientras que la ONU le exigió que regrese sus tropas a Rusia, tras conflicto además cientos de heridos y desaparecidos.
#Ucrania-Rusia.
El canciller mexicano, Marcelo Ebrard Casaubón, informó que funcionarios de la embajada de México en Ucrania se encuentran bien, aproximadamente 32 familias, tras los primeros bomberdeos que dicha nación recibió del ejército de Rusia.

Vladimir Putin invadió Ucrania y hay más de 60 muertos. Miles de personas intentan huir del país mientras que la ONU le exigió que regrese sus tropas a Rusia. Cómo empezó el conflicto y cuáles serán las consecuencias.

Vladimir Putin invadió Ucrania y le declaró la guerra. Hasta el momento el conflicto dejó al menos de 60 muertos y hay miles de personas intentando huir del país. Las 11 claves de qué está pasando, por qué y cuáles son las consecuencias que habrá.

Qué está pasando en Ucrania
Vladimir Putin ordenó el envío de tropas al este de Ucrania y declaró la guerra.

Ante los ataques, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, aseguró que Putin quiere destruir su país y advirtió que “no lo permitirá”
Las consecuencias de un bombardeo en las instalaciones del edificio de una unidad militar en Kiev (Kiev), Ucrania.
El gobierno ucraniano

Sin embargo, Vladimir Putin afirmó que “no atacará ciudades” y que no hay una amenaza contra la población ucraniana.

Cuáles son las consecuencias de la guerra
El precio del barril del petróleo superó los US$100 dólares por primera vez en más de siete años.

También cayeron las bolsas de Asia y la tendencia se replicaba con fuerza en la apertura de los mercados europeos.
“Presidente Putin, en nombre de la humanidad, lleve sus tropas de vuelta a Rusia. Esta guerra no tiene ningún sentido”, declaró Guterres.

Ante la decisión del presidente ruso, Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, el Reino Unido, Japón y Australia confirmaron que “contarán con sus relaciones económica”.

Cómo comenzó el conflicto entre Rusia y Ucrania???

El conflicto comenzó tras la disolución de la Unión Soviética y el deseo de Ucrania de acercarse a la Unión Europea y Estados Unidos.

El hecho de perder uno de sus aliados más importantes, porque el gas que el gobierno de Vladimir Putin exporta a Europa pasa por el país vecino, podría deteriorar su economía

El ingreso de Ucrania a la OTAN
En enero del 2021 Volodímir Zelenski le pidió a Joe Biden ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para proteger a su país de las amenazas de Putin.

Además, lo hizo con la intención de mejorar sus relaciones internacionales y por supuesto, la economía.

Por su parte, Rusia dice que la OTAN, la alianza militar encabezada por Estados Unidos, no debe ofrecer nunca la membresía a Ucrania, que ganó su independencia cuando la Unión Soviética se disolvió hace unos 30 años.

El ingreso de Ucrania a la OTAN

En enero del 2021 Volodímir Zelenski le pidió a Joe Biden ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para proteger a su país de las amenazas de Putin.

Además, lo hizo con la intención de mejorar sus relaciones internacionales y por supuesto, la economía.

Por su parte, Rusia dice que la OTAN, la alianza militar encabezada por Estados Unidos, no debe ofrecer nunca la membresía a Ucrania, que ganó su independencia cuando la Unión Soviética se disolvió hace unos 30 años.

La anexión de la península de Crimea Ucrania y Rusia en un conflicto económico

El gas que es exportando a Europa, en su mayoría proveniente de Rusia, depende de su paso por Ucrania. Es que gracias a los gaseoductos que pasan por el territorio, el Gobierno de Volodymyr Zelenskyy cobra un impuesto que representa el 3.8% del PBI ucraniano.

De invadir Ucrania, Vladimir Putin se ahorraría millones de dólares al momento de venderle gas a Europa. Sin embargo, para evitar un conflicto, Rusia decidió contruir un nuevo gaseoducto que lo unirá con Alemania, aunque las obras fueron frenadas por la Unión Europea en 2021, ya que creen que la obra podría utilizarse como un arma de presión geopolítica

Reconocimiento por parte de Rusia de regiones rebeldes de Ucrania
En un largo discurso lleno de críticas durante una reunión del Consejo de Seguridad de Rusia, Putin dijo que Ucrania heredó territorios que históricamente habían pertenecido a Rusia, y que tras el colapso soviético fue usada por Occidente para contener a Moscú.

Los decretos de Putin, en los que reconoce la independencia de dos regiones separatistas del este de Ucrania, le permite a Rusia firmar tratados con las regiones separatistas y enviar abiertamente tropas y armamento a esos lugares. Dice que el Kremlin ofrecerá asistencia mutua cuando los líderes rebeldes la soliciten para “mantener la paz”.

Guerra Rusia-Ucrania: las 11 claves para entender el conflicto

Vladimir Putin invadió Ucrania y hay más de 60 muertos. Miles de personas intentan huir del país mientras que la ONU le exigió que regrese sus tropas a Rusia. Cómo empezó el conflicto y cuáles serán las consecuencias.

Vladimir Putin invadió Ucrania y le declaró la guerra. Hasta el momento el conflicto dejó al menos de 60 muertos y hay miles de personas intentando huir del país. Las 11 claves de qué está pasando, por qué y cuáles son las consecuencias que habrá.

Qué está pasando en Ucrania

Vladimir Putin ordenó el envío de tropas al este de Ucrania y declaró la guerra. El conflicto dejó más de 60 muertos, cientos de heridos y desaparecidos.

Ante los ataques, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, aseguró que Putin quiere destruir su país y advirtió que “no lo permitirá”.

Dónde están ocurriendo los ataques de Rusia a Ucrania
El gobierno ucraniano confirmó el lanzamiento de misiles sobre Kiev, y reconoció que varios tanques rusos están circulando por todo el país.

Sin embargo, Vladimir Putin afirmó que “no atacará ciudades” y que no hay una amenaza contra la población ucraniana.

Cuáles son las consecuencias de la guerra
El precio del barril del petróleo superó los US$100 dólares por primera vez en más de siete años.

También cayeron las bolsas de Asia y la tendencia se replicaba con fuerza en la apertura de los mercados europeos.

 

¿Nada aprendimos de dos guerras mundiales?

Aquiles Córdova Morán

No acabamos de convencernos, a pesar de tan terribles lecciones, de que la razón humana por sí sola no basta para imponerse sobre los intereses materiales, económicos, de los distintos grupos sociales. Tampoco hemos aprendido que es imposible conocer exacta y completamente un fenómeno si no lo estudiamos desde su origen. Para muchos, la historia sigue siendo simplemente un engorro inútil. Solo cambiamos de opinión (a veces) ante las razones del amigo o correligionario, pero rechazamos airadamente las de los “enemigos”. “El ser social determina la conciencia social” (Marx).
Esto viene a cuento porque creo que la situación actual se parece cada día más a la que antecedió a la Segunda Guerra Mundial: todo mundo se da cuenta de que nos precipitamos hacia una guerra apocalíptica, en particular los líderes mundiales de las grandes potencias, pero todos callan o dan explicaciones falsas con tal de echar culpas propias sobre espaldas ajenas. Particularmente nocivo es el papel de los medios que repiten, sin descanso y sin pudor, la mentira de que la amenaza radica en la intención rusa de invadir a Ucrania quién sabe con qué aviesos propósitos. Se han aventurado a dar tres fechas distintas y sucesivas (16 de febrero, 18 de febrero y 20 de febrero), y las tres veces los hechos los han dejado en ridículo. Pero ellos ni se inmutan.
Como dice la vocera de la Cancillería rusa, María Zajárova, ni una sola publicación de los medios occidentales se emite sin pasar previamente por múltiples filtros, de donde se deduce que en ellos nada se publica por error. “Esta histeria (la de la supuesta invasión a Ucrania) ya dura dos meses. Quiero decir más: claramente hay planes y preparativos de cómo este escenario, tal como lo entendemos, ya está escrito” (Cubasi.cu, 14 de febrero). Es decir, que la agresión a Rusia pretextando la defensa de Ucrania ya está decidida y puesta por escrito, y el discurso mediático dando fecha y hora de la invasión es una prueba segura de eso.
Algo semejante, repito, pasó en vísperas de la Segunda Guerra Mundial: todos la veían venir y nadie hizo nada para detenerla. Los líderes de Occidente no solo dejaron a Hitler hacer y deshacer a sus anchas porque lo consideraban un instrumento útil para destruir a la URSS, el odiado enemigo común de todos ellos; Francia y Gran Bretaña, además, le aplicaron la llamada “política de apaciguamiento” que, en esencia, era ayudarlo a armarse mejor. Al final, todos acabaron librando la guerra que no querían. El resultado no pudo ser más desastroso: toda Europa y gran parte de Rusia destruidas; 60 millones de muertos (en la guerra o víctimas del hambre y del exceso de trabajo), sin contar los hornos crematorios y el holocausto judío.
Hoy, todo el mundo le hace al tonto repitiendo la versión para niños de que todo se debe a las casi 200 mil tropas (según Washington y su batería mediática) que Rusia tiene acantonadas en el sur para amenazar a Ucrania, aunque nadie aclara por qué o para qué. Quienes repiten esa patraña, parecen ignorar los más elementales hechos históricos relacionados con este conflicto. Ucrania formó parte del imperio de los zares casi desde sus inicios, allá por el siglo IX de n. e. Fue siempre una nación, con su cultura, su lengua y sus tradiciones comunes, pero no una república con territorio definido, un Estado, un gobierno y un ejército propios. Todo eso se lo debe a Lenin y la revolución bolchevique de 1917. Crimea, por cierto, de cuya “anexión” acusan al gobierno ruso actual, no formó parte del territorio de la república ucraniana sino hasta la época de Nikita Jruschov, un ucraniano que sucedió a Stalin en 1953, quien la donó graciosamente a los “camaradas” ucranianos sin pensar en las consecuencias futuras. La nación ucraniana siempre se distinguió por un nacionalismo mechado de chovinismo y xenofobia, sobre todo en sus clases altas, que el socialismo no tuvo tiempo de erradicar y que se puso de manifiesto durante la invasión nazi a su territorio, cuando cerca de 270, 000 nacional-chovinistas se alistaron en el ejército nazi y pelearon contra el Ejército Rojo (ver Antony Beevor, “Stalingrado”). Muchos de los ultranacionalistas y fascistas que hoy gobiernan en Ucrania, son descendientes (consanguíneos o ideológicos) de aquellos soldados de Hitler.
La república ucraniana nació, por eso, escindida. Los norteamericanos y la OTAN, que desde el ascenso de Putin al poder comenzaron a mirar con desconfianza el renacer ruso, aprovecharon la fisura para colarse en la política del país y atizar desde dentro el odio antirruso de la ultraderecha para enfrentar a Rusia. De inmediato comenzaron el discreto rearme de Ucrania. El proceso en su conjunto, iniciado en 1991, explotó en 2014 con el golpe de Estado contra el presidente Víctor Yanukovich, al que la ultraderecha acusaba de “títere de Moscú”. Todos supimos de la “revolución de colores” de la plaza Maidán, pero pocos se enteraron de que fue organizada y financiada por la inteligencia norteamericana (la actual subsecretaria Victoria Nuland repartía personalmente sandwiches y refrescos a los manifestantes en Maidán). El triunfo del neofascismo alertó a la población de origen y lengua rusos, agrupada territorialmente en Crimea y en el Donbass, de que la marginación y la discriminación para ellos se haría más grave aún. Esa fue la razón de que se pronunciaran de inmediato por retornar al seno de Rusia, su patria originaria. Crimea lo logró mediante un plebiscito que obtuvo el 95% de respaldo; Donetsk y Lugansk (el Donbass) solo alcanzaron a declararse repúblicas independientes. Nada tuvo que ver Rusia en todo esto.
El golpe de Estado fue un éxito para los intervencionistas de EE. UU. y la OTAN, que vieron una oportunidad inmejorable para continuar su asedio a Rusia; pero para Ucrania fue un desastre nacional: el país se fragmentó, se desintegró y perdió Crimea, lo que llevó al paroxismo el odio antirruso de la ultraderecha en el poder. El bloque occidental aprovechó esto para acelerar la entrega de armas a Ucrania, destacadamente en los últimos meses. Los fascistas ucranianos se creen el cuento de que todo es un gesto desinteresado de las “democracias occidentales” por defender y recuperar su integridad y soberanía nacionales. Rusia y sus aliados, en cambio, saben bien que el objetivo es lanzar a Ucrania en contra de las repúblicas independientes del Donbass (y posiblemente a Crimea) para obligarla a intervenir en defensa de sus ciudadanos y, con ese pretexto, dictar contra ella un duro “castigo” para frenar su avance.
Aquí se antoja preguntar: ¿Por qué ahora? ¿Qué es lo que está catalizando el conflicto ucraniano? Aunque hay diversas hipótesis, la mayoría de los conocedores del tema coinciden en que EE. UU. y la OTAN quieren abortar el proyecto conocido como Nord Stream 2, un gasoducto que va por el fondo del mar Báltico para abastecer a Alemania de gas seguro y barato. El analista Mike Whitney explica así la cuestión: “No quieren que Alemania dependa más del gas ruso porque el comercio genera confianza y la confianza lleva a expandir el comercio. A medida que las relaciones se vuelven más cálidas, se levantan más barreras aduaneras, se flexibilizan las regulaciones, aumentan los viajes y el turismo y se crea una nueva estructura de seguridad. En un mundo en el que Alemania y Rusia son amigos y socios comerciales no hay necesidad de bases militares estadounidenses, no se necesitan caros armamentos y sistemas de misiles fabricados en Estados Unidos ni tampoco se necesita la OTAN” (rebelion.org, 16 de febrero).
Concluye Whitney: “Nord Stream 2 no es, pues, un simple gasoducto, es una ventana hacia el futuro, un futuro en el que Europa y Asia se acercan en una inmensa zona de libre comercio que aumenta su poder y prosperidad mutuos al tiempo que deja fuera a Estados Unidos”. En otras palabras, se cavaría la tumba de la política sintetizada en la famosa frase del Lord Hastings, primer Secretario General de la OTAN: la alianza se creó para “mantener a la Unión Soviética fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo”. Los halcones de Occidente no están dispuestos a permitirlo. Para apuntalar su opinión, Whitney cita un artículo de Michael Hudson publicado en The Unz Review: “La única manera que les queda a los diplomáticos estadounidenses de bloquear las compras europeas es incitar a Rusia a una respuesta militar y afirmar después que vengar esa respuesta es mucho más importante que cualquier interés económico puramente nacional” (esto iría dirigido a Alemania). Como explicó la perteneciente a la línea dura subsecretaria de Estado para asuntos políticos, Victoria Nuland (…) el 27 de enero: «Si de una manera u otra Rusia invade Ucrania, Nord Stream no avanzará» (The Unz Review)”.
No se trata, pues, de una guerra frontal con Rusia, sino de empujar a Ucrania a atacar a los ciudadanos rusos que viven en su territorio so pretexto de la soberanía nacional y obligar a Rusia a defenderlos, mientras Estados Unidos y la OTAN explotan el conflicto en favor de sus intereses. Así se explica el rechazo arrogante y agresivo a la iniciativa rusa de un tratado de seguridad europea propuesto a EE. UU., que debería contener tres condiciones vitales para Moscú: 1) el compromiso de no incorporar a Ucrania y Georgia en la OTAN; 2) el retiro de las bases militares, misiles y bombas nucleares de Europa hacia el territorio norteamericano; 3) que la OTAN regrese a sus fronteras anteriores a 1997. La respuesta de Washington fue que no está dispuesto a renunciar a principios como su política de “puertas abiertas” y el derecho de cada país a decidir con quién se alía para garantizar su seguridad. En pocas palabras, la respuesta es NO a la iniciativa rusa.
El Presidente Biden dirigió en seguida un mensaje televisado al pueblo norteamericano en el cual, tras asegurar que hace todo para resolver la crisis por la vía diplomática (lo que es falso, como acabamos de ver), amenazó a Rusia con echarle encima la opinión mundial y aplicarle sanciones que harán polvo su perspectiva de futuro. El tono del discurso fue tal, que alguna prensa lo calificó de “verdadera declaración de guerra”. A continuación, convocó por videoconferencia al consejo de guerra (de facto) de la OTAN, el cual declaró que “«Si Rusia efectúa una invasión ulterior contra Ucrania, Estados Unidos, con sus aliados y socios, responderá de una manera decisiva e impondrá un costo inmediato y pesado» (Manlio Dinucci, voltairenet.org, 17 de febrero). Por último, convocó a la Conferencia de Seguridad en Munich, Alemania, en la cual el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, la vicepresidenta Kamala Harris y el presidente de Ucrania formaron un coro a tres voces para acusar a Rusia y amenazarla con medidas fulminantes si se atreve a tocar un pelo a Ucrania. Conclusión: haga lo que haga Rusia, el bloque occidental la acusará, la responsabilizara de todo y le impondrá sanciones “pesadas”, aplastantes. Solo le deja una salida: la rendición incondicional.
Pero el objetivo final, insisto, es someter a Rusia por las buenas o por las armas. ¿Para qué? El análisis ya citado de Whitney dice a este respecto: “Washington necesita crear la sensación de que Rusia supone una amenaza para la seguridad de Europa (…). Para lograrlo se ha encargado a los medios de comunicación la misión de repetir una y otra vez «Rusia planea invadir Ucrania» (…) Toda la histérica propaganda de guerra se crea con la intención de fabricar una crisis que se puede utilizar para aislar, criminalizar y, en última instancia, dividir a Rusia en entidades más pequeñas”. El portal SWSW del 18 de febrero dice: “Explicando lo que sin duda se está discutiendo a puerta cerrada, Oleg Tyahnybok, miembro del parlamento ucraniano y jefe del partido neonazi Svoboda, declaró a principios de este mes que Rusia tenía que ser desmembrada y dividida en 20 estados nacionales para que Crimea fuera devuelta a Ucrania”. He aquí la madre del cordero. Desmembrada Rusia y reducida a la impotencia, el siguiente paso es destruir a China, con lo cual Estados Unidos, finalmente, se afirmaría como amo y señor de los destinos de la humanidad.
En esta política de terrorismo imperialista hay un claro mensaje para los pueblos del mundo: si caen Rusia y China, todos los demás países de la tierra debemos olvidarnos de autonomía, libertad y desarrollo económico para sacar del hambre y la miseria a nuestros pueblos. Deberemos resignarnos a ser, para toda la eternidad, los esclavos y servidores sumisos del imperialismo yanqui, el verdadero y fiel heredero de la ideología racista y supremacista de Hitler. Esta es la dura realidad. Ni yo me propongo defender a Rusia ni Rusia necesita de una defensa tan insignificante como la mía; pero dan grima nuestros politólogos locales hablando de la inminente invasión a Ucrania y del posible retraso de nuestro crecimiento económico por culpa de Rusia. Parece que se les descompuso la brújula o se les atrasó el reloj.
Comienza a levantarse en el mundo un movimiento pro paz y creo que todos deberíamos sumarnos a él. Es la única manera en que podemos contribuir a detener la maquinaria de guerra que amenaza con aplastarnos. Ahora mismo. Mañana será tarde.
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P S: Escribí este artículo antes de que llegara a México la noticia de que el presidente Putin resolvió reconocer la independencia de Donetsk y Lugansk y la decisión de Alemania de suspender la inauguración del Nord Stream 2. La realidad va colocando las piezas en su lugar y el mundo hará bien en tomar nota. El peligro que nos amenaza es universal y nadie podrá salvarse metiendo la cabeza en la arena y dejando fuera el trasero.

 

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