La educación conquistada con organización: diez años de la Preparatoria José Martí
Tatiana Valdés ValdéHace una década, hablar de una preparatoria en la comunidad de Tepoxtepec, municipio de Tenancingo, parecía un sueño lejano. Los jóvenes que deseaban continuar sus estudios de nivel medio superior debían trasladarse diariamente a la cabecera municipal o incluso a municipios vecinos, situación que representaba un fuerte gasto económico para las familias campesinas de la región y, en muchos casos, provocaba la deserción escolar.
Frente a esta realidad, un grupo de habitantes organizados en el Movimiento Antorchista decidió emprender una lucha que transformaría el futuro educativo de cientos de jóvenes. Así nació la Escuela Preparatoria Oficial No. 356 «José Martí», institución que este año celebra una década de existencia y que hoy representa uno de los principales logros sociales de la organización en la zona sur del Estado de México.
Un sueño nacido de la necesidad
El líder social del Movimiento Antorchista en la región, Saúl Alva Sánchez, recuerda que el proyecto surgió como respuesta a una demanda constante de la población.
«La gente necesitaba una preparatoria. Muchos padres ya no podían sostener los gastos para enviar a sus hijos a estudiar fuera de la comunidad y, simplemente, muchos jóvenes dejaban de estudiar», relata.
Sin embargo, convertir esa necesidad en una realidad significó recorrer un largo camino de gestión, organización y trabajo colectivo.
Los primeros salones no fueron edificios de concreto, sino pequeños cuartos prestados por la delegación de Tepoxtepec.
«Los cercamos con papel del material de los jugos Boing, los techamos con lámina de cartón y el piso era completamente rústico. Todo lo construimos con recursos propios y con el trabajo de los compañeros del Movimiento Antorchista, vecinos y padres de familia», recuerda Alva Sánchez.
Aquellas aulas improvisadas reflejaban las enormes carencias con las que comenzó el proyecto educativo, pero también la determinación de quienes se negaban a renunciar al derecho de sus hijos a estudiar.
El primer gran obstáculo
La lucha apenas comenzaba.
Cuando acudieron al entonces presidente municipal, el profesor Roberto Sánchez Pompa, para solicitar apoyo en la construcción de la escuela, la respuesta fue negativa. El argumento era que no podía destinar recursos para una institución que aún no contaba con su Clave de Centro de Trabajo (CCT).
Lejos de desanimarse, los integrantes del Movimiento Antorchista recurrieron a la dirigencia estatal de la organización.
«Nos dirigimos con nuestros dirigentes históricos, particularmente con el biólogo Jesús Tolentino Román Bojórquez. Nuestro comité estatal hizo un enorme esfuerzo de gestión y finalmente logramos obtener la CCT», explica Alva.
La obtención de la clave oficial, conseguida en 2016, abrió las puertas para continuar gestionando recursos y consolidar legalmente el proyecto educativo.
Construida con trabajo del pueblo
Una vez obtenida la clave, comenzaron nuevas gestiones para conseguir un terreno propio.
El Movimiento Antorchista presentó el proyecto al comisariado ejidal y posteriormente a la Asamblea de Ejidatarios de Tepoxtepec y la respuesta fue favorable, los ejidatarios donaron el terreno donde actualmente se encuentra la institución. A partir de entonces comenzó una nueva etapa de trabajo comunitario.
El propio líder regional enfatiza que prácticamente todo el material de construcción fue gestionado por la organización social.
«Todo el material que tiene esta escuela fue traído mediante la gestión del Movimiento Antorchista. Los ayuntamientos que pasaron únicamente apoyaban con el pago de un albañil y un ayudante; el resto fue producto del trabajo y la organización del pueblo.»
Durante esos años fueron decenas de vecinos, campesinos y activistas quienes participaron directamente en la construcción.
Saúl Alva recuerda con especial reconocimiento a quienes ya fallecieron, como Abel Arévalo García y Mardonio Calvo Aguilar, además de otros integrantes del movimiento como José Florencio Rocha, Demetrio del Carmen, Fernando, Horacio, así como numerosos habitantes de Tepoxtepec que aportaron mano de obra y participaron en las gestiones.
Educar en medio de las carencias
Mientras se levantaban las primeras aulas, la escuela ya funcionaba.
El entonces director, Juan Francisco Camacho, junto con un grupo de docentes y estudiantes de la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios «Rafael Ramírez» (FNERRR), enfrentó enormes dificultades. No había mobiliario suficiente, faltaban escritorios, pizarrones, equipo y materiales didácticos. A pesar de ello, la escuela comenzó con una matrícula reducida que poco a poco fue creciendo.
Además de las materias oficiales, los jóvenes recibían talleres de danza y música, elementos fundamentales dentro del modelo educativo impulsado por el Movimiento Antorchista, que busca una formación integral basada en el desarrollo académico, artístico, cultural y deportivo.
La primera generación
Los esfuerzos comenzaron a dar frutos.
En 2019 egresaron los primeros 53 estudiantes de la Preparatoria Oficial No. 356 «José Martí», convirtiéndose en la primera generación de una institución que apenas unos años antes impartía clases en cuartos improvisados.
Aquella ceremonia significó la confirmación de que la lucha había valido la pena.
Hoy muchos de esos jóvenes son profesionistas, algunos estudiaron en instituciones de gran prestigio como la Universidad Autónoma Chapingo, el Centro Universitario Tlacaélel, la Escuela Normal Superior de Tenancingo y otras universidades del país.
«Hoy nos encontramos a esos muchachos en las calles. Ya son profesionistas y nos agradecen haber impulsado esta escuela. Ese es el mayor orgullo que podemos tener», comenta emocionado Alva Sánchez.
Una escuela que sigue creciendo
A diez años de su fundación, la preparatoria presenta un panorama muy distinto al de sus inicios.
Actualmente cuenta con seis aulas de clases, una utilizada como dirección escolar, módulos sanitarios, explanada cívica con techumbre, gestionada durante la administración municipal de Héctor Gordillo Sánchez, espacios suficientes para continuar ampliando la infraestructura.
Sin embargo, las necesidades siguen siendo numerosas.
La directora María Isabel Alva Arévalo, junto con docentes, padres de familia y el Movimiento Antorchista, continúa realizando gestiones para fortalecer la institución.
Entre las principales demandas destacan la construcción de la barda perimetral, nuevas aulas para atender el crecimiento de la matrícula, sala de cómputo, áreas recreativas y deportivas, pavimentación de la calle de acceso, auditorio y estacionamiento.
Un proyecto que mira hacia el futuro
Para quienes impulsaron esta preparatoria, el objetivo nunca fue únicamente construir un edificio.
La meta consistía en abrir oportunidades educativas para las nuevas generaciones de una región históricamente marginada.
«Si no hubiera sido por Antorcha, el gobierno nunca nos habría dado esta preparatoria. Siempre nos respondían que ya existían suficientes escuelas cerca: la Normal Rural de Tenería, la Normal Mixta de El Salitre o instituciones en Santa Ana. Esos eran los argumentos para negarnos el servicio», afirma Saúl Alva.
Hoy el sueño va más allá de consolidar la preparatoria, los promotores del proyecto aspiran a crear en Tepoxtepec un campus universitario pues el terreno ya existe y la visión también.
«Nuestra aspiración es construir aquí el Centro Universitario Tlacaélel, Campus Tenancingo. Ese sigue siendo nuestro sueño y vamos a continuar luchando hasta hacerlo realidad.»
Diez años después
La historia de la Preparatoria Oficial No. 356 «José Martí» es la historia de una comunidad que decidió organizarse para resolver una necesidad que durante años permaneció sin respuesta institucional.
Es también el testimonio de cómo la gestión social, el trabajo colectivo y la perseverancia permitieron levantar una escuela donde antes solo había aulas improvisadas.
Diez años después, cientos de jóvenes han encontrado en sus salones una oportunidad para continuar estudiando y construir un mejor futuro.
Para los habitantes de Tepoxtepec, la «José Martí» no solo representa una institución educativa; simboliza el resultado de una década de lucha organizada y el compromiso permanente por ampliar el acceso a la educación. Y aunque el camino aún no concluye, quienes impulsaron este proyecto sostienen que seguirán tocando puertas hasta convertir ese esfuerzo en un complejo educativo aún mayor, capaz de albergar incluso un futuro Centro Universitario Tlacaélel que continúe transformando la vida de las nuevas generaciones del sur mexiquense

